Sueño, vida y Madres
Mi vida interna está llena de sueños, memorias…, y
de esos atípicos momentos que todos hemos vivido,
pero con la diferencia que, yo voy un poco más allá… sueño despierto, no es que piense o me imagine cosas como todos, literalmente sueño despierto.
pero con la diferencia que, yo voy un poco más allá… sueño despierto, no es que piense o me imagine cosas como todos, literalmente sueño despierto.
Al amanecer cada día rebuscamos en nuestra memoria
ese sueño que acabamos de vivir y no recordamos, pues a mí no me pasa lo mismo,
mientras duermo no suelo soñar. Lo hago a pleno día, mientras trabajo, conduzco
o me encuentro taciturno en algún rincón de casa. Elevar mi alma ya no es un
problema para mí, se me hace más difícil sinceramente el regreso, retornar a mi
cuerpo. El estado de ingravidez lo llevo mejor, no siento ni siquiera mis
lentas y pesadas piernas.
A veces no sé diferenciar si camino, me desplazo a
saltitos, me encuentro flotando o realmente vuelo. Solo que a veces me quedo
medio atontado, abrumado o algo así… por la avalancha de imágenes, rostros, y
vidas que van llegando a mi mente, cuando me encuentro en pleno vuelo. Extasiado
en busca de no sé qué…es ahí que puedo ver y sentir dolores y alegrías de los
demás, es cuando puedo saber que muchas personas necesitan ayuda, que a veces
nos quejamos. Mayormente nos preocupan cosas insignificantes, cuando yo puedo
escuchar el dolor de enfermos, de los más desafortunados, de los que buscan
realmente amor, he escuchado el llanto de niños que viven dentro de núcleos familiares
a los cuales les importa un bledo sus deseos y problemas.
Pero el dolor más fuerte que he escuchado ha sido
el dolor de una madre, una madre que quería aferrarse a la vida, con un cáncer en
fase terminal y con tres hijos aún por criar. Ella no le temía para nada a la
muerte, su temor era todas las vidas que dejaba, buscaba a quien confiarle sus
hijos. No sé… durante cuántas noches la vi no dormir, la escuché rezar, la
escuché preguntar, buscaba a una noble mujer a quien sus hijos entregar. Su
dolor se convirtió rápidamente en mi dolor, pero cómo la podría ayudar si ella
no me podía ver, pues empecé a buscar yo también a esa madre sustituta, a una
madre responsable, justa y cariñosa, que era lo que ella deseaba, encontré a
más de mil en una hora, todas bellas
mujeres, bellas madres, pero por más que quise no le pude contar, ella no podía
escucharme, porque estaba en mis sueños, por eso despierto o dormidos cuiden de
sus madres, que ellas velan por nosotros en todo momento.
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